07/03/2024
Ángeles Fuimos
14/02/2024
Bojack Horseman y el síndrome del impostor
Esta entrada surge de esta nota que vi en Vulture. Debo ser honesto y decir que la única escena de las 5 que mencionan ahí es la de Bojack, que es en la que me voy a centrar (y de paso explico a grandísimos rasgos por qué elegí este nombre para el blog). Para quien vio Bojack, quizás la tenga como un pequeño gran momento bisagra en la serie, algo a los que nos tiene acostumbrados durante varios capítulos. Para quien nunca vio Bojack, pensemos en un tipo medio agrandado y canchero que pasa por una crisis existencial, y sufre algo por lo que, en lo personal, puteo bastante seguido: El síndrome del impostor.
Por si les da fiaca, traduzco el fragmento en el que me quiero centrar:
En la escena, se supone que BoJack llora o se derrumba por la película que está haciendo, Secretary. No llora y cree que ha fracasado, pero eso fue suficiente para el director de la Secretaría. Pero luego se pone ansioso. No cree que sea lo suficientemente bueno, está lleno de dudas: ¿Soy lo suficientemente bueno? ¿Soy una broma o soy un actor? Sale y se derrumba. Y es perfectamente BoJack a quien le piden que llore, está tan ansioso por eso que no puede hacerlo, y luego, tan pronto como esa ansiedad desaparece de su vida, se derrumba.
22/01/2024
¿Por qué un blog?
27/12/2023
¿Es demasiado tarde para mí?
24/10/2023
Justo que te vas
Año 2009. Verano. Calor. Una humedad insoportable.
Quien escribe estas líneas era apenas un simple adolescente que empezaba a salir al mundo. No la pasaba bien, había tenido demasiado en los últimos años en la escuela. Los amigos no faltaban pero tampoco abundaban, se sentía bastante solo. Había encontrado en el fondo de la casa un cuartito en el que podría estar tranquilo y a solas con sus historietas y su equipo de música.
El año anterior llegaría la internet de banda ancha a casa. Con ello, Ares. Con ello, descargas de toneladas y toneladas de música.
Un buen día, me digno a comprar algunos CD virgen y con ello a poner decenas de canciones en un disco que terminé titulando con marcador negro "Compilado 1" para escuchar en el fondo.
En ese disco tenía temas de algunas bandas de las que no conocía mucho y quería indagar cómo sonaban, ya que hasta ese momento mi universo se reducía a lo que podía escuchar por terceros y algunos discos de Rata Blanca que me habían regalado hacía tiempo. Algunos de los temas que me acuerdo que estaban eran: Electric Eye y Painkiller de Judas Priest, Highway Star y Smoke On The Water de Deep Purple...y El Pibe Tigre, Toro y Pampa y A vos Amigo de Almafuerte. Ah, y Tu Eres Su Seguridad de Hermética.
Ya había tenido mis tímidos acercamientos con el metal argentino, pero fue en ese disco recontra pirata que debo tener por algún lado en donde pude familiarizarme con Ricardo y su música, sus letras y, por ende, su forma de ver la vida.
A partir de ahí, empecé a meterme más de lleno con su historia: Desde sus inicios en V8, pasando por su gloriosa etapa (y su posterior separación) en la H y llegando hasta Almafuerte.
Por supuesto, a lo largo de los años vi pasar su (exitosa) etapa solista entre tangos, milongas, zambas y metal pesado, llegando a compartir algunas canciones con mi viejo incluso. Estaba frente a una figura de dimensiones inmensas, amado y odiado pero jamás olvidado, como leería alguna vez.
El imaginario popular lo recuerda por sus entrevistas con Beto Casella o sus últimas apariciones que mostraron una imagen muy diferente a la que había dado durante décadas anteriores, pero no me quiero detener en esto. Yo prefiero recordarlo, como alguna vez dijo, como un tipo que cantaba "lo que el corazón debe", y como uno de los tantos que me acompañó en momentos de mucha soledad y que me dio más razones para que el metal pesado ocupe un lugar muy especial en mí.
También me gustaría recordarlo como un tipo que me logró acercarme un poco más al tango (y que cada vez creo más eso de que "en cualquier momento te llega") y que me enseñó que en el mundo hay injusticias, pasan cosas malas y que hay que elevar la voz por ello.
También me ayudó a revalorizar el valor de la palabra "amistad", tan presente en sus canciones, y en donde imaginaba, siendo muy chico aún, con Toro y Pampa, con compartir alguna vez con amigos "carne asada, pan, agua y vino".
Voy a lamentar toda la vida no haber podido ir a verlo al menos una vez. Y que esto me sirva como un un recordatorio más de aquella frase que reza "no dejes para mañana aquello que puedas hacer hoy". Me quedo con el consuelo de que musicalizaba las columnas de recitales que hacía allá a lo lejos y hace tiempo en Música Sin Comprimir con Trillando La Fina.
Con Ricardo reí, lloré, me emocioné, reflexioné y mucho más. Y eso no lo logra cualquier artista.
Ojalá pueda seguir descubriendo su música como el primer día, y ojalá a todos le llegue en algún momento su cuotita de música de Ricardo en algunos de los muchos formatos que se desempeñó.
Gracias por acompañarme en algunos de mis momentos de mayor soledad. Lo seguirás haciendo para siempre.
Y recuerden:
No te des por vencido ni aún vencido
No te sientas esclavo ni aún esclavo...
10/08/2023
La significancia de lo significante
No sé qué me pasa que me agarró un atacazo escritor (?) pero pido calma que dentro de poco volveré a la programación procrastinadora habitual.
El otro día me encontré con un Tweet que, en caso que te dé fiaca entrar, te lo dejo por acá.
La publicación citaba unas declaraciones de Paul Thomas Anderson acerca de las carreras de cine, y la usuaria @iamjulig comentaba lo siguiente:
1er día de clases estudiando cine: la profesora nos pidió que nos presentáramos y digamos alguna película significativa para nosotros o que recomendáramos, un compañero dijo Iron Man 3 (lo banco) y la profesora tiró “bueno, esperemos que eso cambie para el final del cuatrimestre” https://t.co/n7QqlszNnB
— J u l i ˚✧₊ (@iamjulig) July 8, 2023
Más allá de estar de acuerdo con el tweet (si a vos te resulta significativa una película, por más simple o comercial que parezca, ya cumplió un objetivo, y llegado al caso, la película es significativa para vos y no tienen por qué serlo para los demás), me puse a reflexionar acerca de alguna película significativa para mí, y la verdad es que tengo varias, porque muchas de ellas las vi en determinados momentos de la vida, y si bien algunas pueden sonar bastante fuera de lo normal, prefiero empezar hablando de una película con un elenco y directores consagrados, para hacerme el culto nomás (?).
Para poner en claro algo: AMO la obra de Al Pacino, AMO El Padrino y AMO Scarface, así también como Heat (en algún momento seguramente ocupe ese lugar en mi podio personal), pero hoy me acordaba y quería dedicarle esta publicación a Carlito's Way, esa joyita de Brian De Palma que acá nos llegó principalmente por la actuación de Jorge Porcel y que, a mi parecer, está un poquito opacada dentro de la riquísima filmografía de Alfredo James.
Debo confesar que lo que me instó a buscarla fue justamente eso, el morbo que me provocaba ver si era posible que Al Pacino y Porcel compartieran escena. Y me terminé encontrando con una peli que mezcla en su justa medida acción, drama y romance sin irse demasiado a los extremos. ¿Mete guerra de mafias? Me sirve. ¿Mete a Al Pacino con barba? Me sirve. ¿Mete una estética que recuerda al GTA Vice City? Me recontra sirve.
Si bien la vi varias veces, recuerdo en particular una de esas veces en que me preparé especialmente para verla (no sé si fue la primera). Estaba pasando por un momento de redescubrimiento conmigo mismo fenomenal, y a eso se le sumaba una época de salidas con amigos sin parar. En medio de uno de esos findes, que la estaba pasando muy bien, y era consciente de ello, decidí tomarme un rato 100% para mí.
Como si de un ritual cabulero se tratase, me puse a buscar la película en la notebook, la conecté vía HDMI a la tele, me puse una medida de Red Label en la mesita de luz, un poco de chocolate, y arranqué. Al terminar, no paraba de llorar como un tarado.
No voy a andar spoileando la película para quien aún no la haya visto (y si lo hace, que me cuente qué le pareció), pero hoy pensaba que, de no haber visto Carlito's Way en el contexto tan especial en que la vi, quizás no hubiera resultado tan significativa para mí. Si la hubiera visto como una peli más, echado a un costado de la cama, mirándola desde la notebook, decidiendo si verla o estudiar para un examen, a lo mejor habría pasado como una peli más. Pero, de alguna manera, a diferencia de quien se encuentra con una peli de casualidad y le ocurre una suerte de revelación que hace que esa peli adquiera un significado especial, en este caso pareciera que yo mismo decidí que esa peli sea especial en mi vida. Quería que fuera así. Deseaba que fuera así.
Y así fue.
Hoy que está fresco y el día tiene una atmósfera un tanto melancólica, recomiendo de manera tajante verse "Carlito's Way". Y, por qué no, darse un tiempo para uno mismo y mimarse.
¿La calle "un blog con un cierre copado"? Me mataste loco, no soy de por ahí.
07/08/2023
Coraje y el problema de la perfección
Coraje: El Perro Cobarde es de esos dibujitos que siempre me inquietó desde muy chico. No me hacía partir de la risa, no me hacía llorar, no me daba (tanto) miedo, pero siempre me colgaba mirándolo. Pero no fue sino hasta muchos años después en que empecé a apreciar más la serie como lo que sigo creyendo que es: una verdadera obra de culto. Una vez, viendo clipcitos de la serie, me encontré con un fragmento al que nunca le había prestado mucha atención:
El clip corresponde al último capítulo de la serie, titulado "Perfecto". No les voy a decir dónde pueden verla (guiño, guiño) pero procedo a hacer un cuasi resumen (ponele) del capítulo.
Estuve escribiendo esto al mismo tiempo que veía el capítulo, así que es un resumen no tan resumen.
Coraje lo había logrado.
Se había dado cuenta que no necesitaba ser perfecto en la vida, y que podía encontrar la perfección, a su manera, en la misma imperfección.
Ahora bien, Coraje pudo resolver este dilema en un capítulo.
Imaginémonos ahora a alguien que prácticamente convive con esta "maestra" que se la pasa recriminándote por no hacer las cosas perfectamente.
Claro, no se la puede ver. Pero se la puede escuchar en los pensamientos.
El problema es que no la escuchamos con otra voz que no sea la nuestra.
"¿No sabes hacerlo bien?"
"Siempre lo mismo con vos"
"No me sale una"
¿Cuántas veces vemos en Instagram que el pasto es más verde en lo del vecino? ¿Cuántas veces vemos que esa sonrisa es más brillante que la de uno, que la comida que están haciendo tiene mejor pinta que la que está cocinando uno, que al otro pareciera irle mejor profesionalmente que a uno?
En resumen, ¿cuántas veces vemos que uno parece imperfecto al lado de los demás, como le pasa al querido Coraje?
Por supuesto que con estas líneas no descubrí la pólvora ni estoy planteando algo que no se haya planteado cien millones de veces. Simplemente es una apreciación que obedece, a lo mejor, a una cierta sensación de hastío temporal sobre Instagram en específico (podría aplicar perfectamente a LinkedIn que tiene el mismo principio pero aplicado al ámbito profesional).
Vivir constantemente con el collar de melones que es la auto exigencia es una carga muy difícil de llevar. Más aún cuando se piensa que el del otro lado de la pantalla tiene una vida más sencilla o, en cierto punto, más "perfecta". ¿Perfecta en qué sentido? Es una muy buena pregunta, y simplemente no la puedo responder (?).
En otro orden de cosas, la presión extrema tiene ciclos más largos o más cortos dependiendo de la persona, pero creo que suelen seguir más o menos este patrón: "me mando alguna/me aguanto el no criticarme/me mando otra/exploto/me da bronca/me calmo/me mando otra" y así ad eternum.
Ojo, el "mandarse una" no necesariamente significa algo imperdonable o irreparable. Muchas veces puede significar un detalle, algo diminuto que inclusive nadie lo note. Excepto vos, claro. Para vos, ese "error" que cometiste puede poner en duda todo lo que vos pensabas como persona, como profesional, como estudiante, como lo que sea.
Ese "mandarse una" muchas veces paraliza, hace que nuestra psiquis opte por aferrarse a una zona de confort que en algún punto deja de ser tan de confort, porque uno se da cuenta que no tiene por qué quedarse cómodo en esa postura, pero en lugar de querer cambiarlo se queda rumiando, por temor a que lo que venga sea "peor". De ahí, pueden pasar dos cosas: O bien uno se queda dando vueltas en ese estado de confort, se queda con el hecho de que las cosas no van a cambiar (con lo bueno y lo malo que eso implica) y lamentándose constantemente porque no se es perfecto, o bien trata de salir de ese estado y empieza a mirar un poco más allá (con lo bueno y malo que eso implica también, pero con cosas más positivas que negativas en el futuro).
Me estoy yendo por las ramas, pero este capítulo de Coraje me ayudó a detenerme por un rato y recordar que, a lo mejor, no todo lo que hago tiene por qué ser perfecto (de hecho, ¿hay algo que sea 100% perfecto?), y que esa búsqueda inconsciente de la perfección en la que doy vueltas es una zanahoria en una caña que, simplemente, no tiene sentido.
Pensaba mostrarle este borrador a alguien cercano para que me lo apruebe antes de subirlo pero mejor no; no quiero caer en lo mismo de siempre.
Te lo juro por Dieguito Maradona.
